Es escultor y artista plástico cuya obra encuentra inspiración en la intersección entre la impermanencia de la materia y la persistencia de las ideas. Su práctica explora las dualidades entre lo físico y lo metafísico, la vida que emerge de la muerte y la existencia expandiéndose en ramificaciones orgánicas.

El cuestionamiento sobre la muerte y el sentido de la vida marcó profundamente su percepción del mundo, convirtiéndose en el eje conceptual de su trabajo artístico. A lo largo de su formación experimentó con diversas técnicas y materiales, hasta encontrar en el metal reciclado (retorcido, olvidado y descartado), el vehículo idóneo para su expresión, un medio desde el cual reclamar un espacio consciente en este plano de existencia.

Concibe el metal como un elemento vivo, capaz de transformarse y renacer a través de la electricidad, el fuego, la voluntad y la imaginación. El metal reciclado constituye el núcleo de su práctica escultórica: la chatarra, despreciada por muchos, se transforma en su lienzo, mientras que la soldadura eléctrica funciona como herramienta para materializar ideas que desafían la forma, el orden y la convención.

En su universo simbólico, el corazón representa la fuerza y el origen; la raíz, la curiosidad, el crecimiento y la conexión con la tierra y lo espiritual. El fuego ocupa un lugar central en su proceso creativo, presente tanto en la forja del metal como en el electropirograbado sobre madera y en la generación de fractales. La resina introduce un elemento de suspensión temporal y trascendencia, ampliando la lectura material y simbólica de sus piezas.

Su obra reflexiona sobre la belleza efímera de la materia deformada por el tiempo y sobre la fuerza implacable de la naturaleza frente a la finitud humana. A través de formas orgánicas, estructuras ramificadas y figuras simbólicas, busca capturar sensaciones esenciales, despojadas de narrativas morales cerradas, invitando al espectador a una experiencia intuitiva y contemplativa.

El artista se descubre a sí mismo a través de sus piezas: siente, asimila y crea con las manos aquello que la vida le inspira y lo mueve. Cada obra funciona como un espejo de su proceso interno, una forma de comprender, transformar y habitar la  experiencia humana. Su interés constante por la transformación de la materia y la energía se traduce en una exploración de los ciclos de vida y muerte, movimiento y quietud, protección y renovación.

Más que ofrecer respuestas, su trabajo propone espacios de reflexión donde el caos, la fragilidad y la resistencia conviven como fuerzas complementarias. Su objetivo es expandir los límites de la escultura contemporánea y contribuir a un diálogo profundo sobre la existencia, la conciencia y el acto mismo de crear.